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Pensamiento correcto.

Nuestros pensamientos determinan nuestros sentimientos, éstos guían nuestra conducta y nuestra conducta delimita nuestra visión del mundo. Somos lo que vemos y vemos lo que somos. Si no conseguimos dar un salto en el vacío capaz de romper este círculo, no progresaremos, apenas experimentaremos desarrollo personal y seremos tan solo pasto del sufrimiento inexorable.

Así que: pensamientos correctos, sentimientos correctos, conducta correcta, visión del mundo correcta (visión de la realidad, lo que es).

Y, de igual modo: pensamientos incorrectos, sentimientos incorrectos, conducta incorrecta, visión del mundo incorrecta (ignorancia).

Qué son pensamientos incorrectos? Las rumiaciones, los remordimientos, las preocupaciones por temas que están fuera de nuestra esfera de control… pero también los celos, la envidia, la ira, los malos deseos, las ideas egocéntricas y ambiciosas, el deseo de poder, la autoinculpación, las lamentaciones, la autocomplacencia, el orgullo… En definitiva, todos aquellos pensamientos inútiles e inconexos con la realidad, que no nos aportan nada bueno y que sólo nos conducen a desgarrarnos y a atraer la infelicidad.

Y cómo damos ese salto? Cómo trascendemos este círculo natural de sufrimiento constante, de deseos insatisfechos, de eventos no deseados, de temor, de pereza, de ira, tristeza, preocupación, negativismo…? Cómo hacemos para que nuestros pensamientos sean correctos, en el sentido de constructivos, positivos, facilitadores, honestos, limpios…?

Con atención despierta y constante, vigilante, cautelosa, alerta siempre para detectar el momento en que se rompe la armonía y los pensamientos incorrectos comienzan a invadir nuestra mente. Ahí, en el principio, avisados por nuestra atención, debemos cortar el flujo de pensamiento negativo antes de que nos arrastre por la pendiente resbaladiza y nos lleve a estados emocionales tóxicos. Entonces, focalizar la atención en la respiración será la herramienta para neutralizar la corriente de pensamiento incorrecto y volver al pensamiento amplio, bondadoso, generoso, tolerante, positivo, que nos hará sentir bien de nuevo.

Cuando hablo de que nuestra conducta delimita nuestra visión del mundo, me refiero a que esa conducta, lo que hacemos y cómo lo hacemos, tiene unas consecuencias y éstas nos marcan y condicionan nuestra cosmovisión. Cada acción tiene un efecto y así, según actuemos, la vida nos devolverá la misma moneda, antes o después. Es mejor hacer las cosas con calma, demorándonos en la acción, con cariño y consideración, limitándonos a hacer lo que es justo, sin pensar en nuestro propio beneficio, siempre, por pequeña que sea la tarea. Primero hay que dar.

Aceptemos la realidad tal cual. Si nosotros hacemos lo correcto, qué podemos temer? Mantengamos nuestra mente ligera, limpia, como un espacio libre de contaminación y ruido innecesarios. Cuidemos de ese espacio. Que apenas se perturbe con pensamientos-basura nuestra atención sea capaz de ponernos en guardia y nuestra respiración nos devuelva la paz.

Cambiar el mundo es tarea utópica; cambiar nosotros es posible, cada día, si tenemos tal disposición en nuestro corazón.

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