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Solución de problemas.

Los problemas son parte del día a día. Nuestra disposición para afrontarlos marca la diferencia: mejor considerar la vida como un devenir de situaciones novedosas a experimentar que como un sinfín de problemas a resolver. 

 

Los problemas y las situaciones no deseadas, de hecho, no se acaban nunca; sin embargo, la angustia, la ansiedad, la inquietud y el temor que ellos nos concitan sí podemos dejarlos a un lado si aprendemos a gestionarlos de una forma más adaptativa.

 

Una actitud de compromiso y apertura es necesaria. La labor principal es nuestra, nosotros debemos hacer el trabajo. El psicólogo tan solo es el conductor que dirige este proceso de cambio. Las rutinas ambientales, nuestros viejos aprendizajes consolidados, las ganancias secundarias derivadas del problema y la llamada red contraterapéutica harán fuerza en el sentido contrario para que nada cambie. 

 

Interiorizar el concepto de aceptación activa es el otro paso: abandonar el deseo vehemente e irracional de sentirse bien por encima de todo y en todo momento.

 

El punto óptimo de esta paradoja es un equilibrio inteligente entre estar abierto al cambio y aceptar cómo son las cosas ahora. Intentar cambiar el futuro pero sin renunciar  al presente más inmediato.