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Helado.

Aún siendo siempre amables con nosotros mismos, al margen de nuestro estado de ánimo, de cómo nos sentimos en un momento dado, podemos centrarnos en lo que debemos hacer y, simplemente, hacerlo.

Esta postura firme nos servirá como referente ante todas las incertidumbres e indecisiones que se postulan ante nosotros en esos momentos, días, semanas o meses en que nos encontramos un poco alicaídos y confusos, o incluso profundamente deprimidos, y actuará como una brújula que nos marcará el rumbo entre la bruma evitándonos errar el camino y permitiéndonos que sigamos adelante a pesar de las dificultades, sin tener que replantearnos todo a cada momento.

Además, esa misma solidez ante las vicisitudes nos ayudará a que las cosas vuelvan más pronto a su sitio y nos dará confianza y seguridad en nosotros mismos: pocas cosas hacen sentirse mejor que comprobar que tenemos fuerza de voluntad y capacidad para llevar a cabo los planes sin importar que nuestros deseos o estado anímico intenten arrastrarnos en la dirección contraria.

Me encuentro mal y sin fuerzas pero no me quedo en el sofá; a las seis en punto, como tenía planificado y venía haciendo desde hace tiempo porque creo que es buena idea, me pongo en pie y, con ganas o sin ellas, salgo a correr con mi perro. Igualmente, cumplo con mi trabajo, asisto a mis compromisos sociales y sigo mi plan de actividades diarias. Igual que no cambio mis planes porque haga frío o calor, tampoco cedo porque me sienta mejor o peor. El agua de la piscina puede estar helada pero yo me sumerjo en ella y punto, porque así lo decidí.

Es importante poner en valor esta capacidad de compartimentar los sentimientos y el estado de ánimo por un lado y nuestras decisiones y comportamiento por otro. De este modo evitaremos caer en la trampa de la depresión, un bucle de retroalimentación donde nuestro estado de ánimo nos instará a permanecer inactivos y la inactividad nos sumirá, cada vez más profundamente, en la depresión.

El pensamiento, las emociones y la conducta son interdependientes. Cualquier cambio sobre uno de esos tres planos afectará invariablemente en los otros dos. Actuar de este modo es una forma de romper el círculo vicioso y promover un cambio de tendencia. Recompensarnos es otro buen método: cuando todo vaya mal, vete al cine (o cómete tu helado preferido). Esto te hará sentir bien, al sentirte bien pensarás en positivo y pensar en positivo te conducirá a comportamientos más adecuados.

Una persona bloqueada emocionalmente está anulada intelectualmente. La percepción depende de la emoción y del estado de ánimo. Los pensamientos y las palabras modulan la experiencia. No lo dudes: vete al cine y cómete un helado. Y hazlo ahora, ya.