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Terapia de pareja.

La vida, de por sí, es complicada. La convivencia, a menudo, es un ejercicio difícil de equilibrismo. Vivir en pareja es, casi siempre, un auténtico reto. En ocasiones, se entra en un círculo de pérdida que se retroalimenta: yo me comporto de otro modo (ahora soy uno, ya no somos dos) y, como consecuencia, la otra persona también cambia de actitud  (en la misma dirección pero en sentido inverso).A partir de ese punto las cosas ya no paran de empeorar: el respeto, la confianza y la cooperación van desapareciendo paulatinamente. El trabajo en equipo no funciona, la casa se echa encima, los problemas se multiplican y los reproches se instauran como el único “medio de incomunicación”. A través de la terapia, procuramos elevarnos a un balcón y ver todo, toda nuestra vida, desde cierta perspectiva, no como una sucesión de hechos aislados, sino como un conjunto cohesionado de experiencias:los buenos y malos  momentos de cada etapa, los sacrificios, las alegrías… el amor desinteresado, puro, silencioso, que nos inspiró en muchos gestos, en muchas cosas…

Aprendemos a escuchar, a encontrarnos, a respetar y ponderar con ecuanimidad al otro, trabajando en equipo.