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Siento pero no padezco.

Siento, claro que sí, pero intento no padecer.

Soy sensible, todo me afecta y todo me incumbe, estoy a todo, pero hago porque no me arrastre el pasado, por no llevar conmigo el lastre de cada suceso doloroso que viví, cada desgracia, cada problema, cada mala noticia, cada fustazo con que la vida marca mi piel…

Cómo si no podríamos ver siquiera un telediario y seguir con nuestro día a día como si nada?

No niego el sufrimiento, no miro a otro lado, no intento desvincularme de la realidad. Tan solo intento que el sufrimiento no me haga sufrir. Acepto mi cuota de dolor, la que me toca, y procuro andar hacia delante con ella encima. Lo que no quiero es cargar también con el arrepentimiento, la vergüenza, el temor, la envidia, los celos, la mentira, los reproches, el resentimiento o la nostalgia de tiempos mejores.

Procuro ayudar en la medida de mis posibilidades y, sobre todo, ayudarme a mí mismo. Cómo si no podré ayudar a nadie?

La forma de cambiar el mundo, si eso fuera posible, es cambiando uno mismo.

Pretendo mejorar el futuro y mejorar el estado de las cosas, lucho por ello, pero acepto el presente, lo que es. Siento, por mí y por los demás; comprendo lo que me cuentan, el dolor, el temor, pero intento no perder de vista la totalidad de la escena, el encuadre completo. No quiero permitir que venza la tristeza y, mucho menos, la desesperanza, el pesimismo, la depresión, la locura.

Por eso río y bromeo y casi nunca, o nunca, me oirás hablar en serio, ni siquiera de lo más sagrado, pero no me tomes por superficial. Siento y me doy cuenta, no lo dudes, sólo es por respeto, por respeto y agradecimiento a la vida, a la existencia.

Cómo podemos pretender elegir sólo uno parte? (Casualmente, la parte buena); si aceptamos una parte debemos aceptar también la otra. Si aceptamos gozar y ser felices en ocasiones también deberíamos aceptar sufrir y ser infelices en otras. Lo contrario sería querer hacer trampas.

Dónde reside el problema, entonces? Tan solo se trata de no sucumbir, de sentir lo que toca y vivirlo con agradecimiento. Me costó mucho comprender esto y entiendo que pueda sonar extraño o absurdo; estar agradecido por un hecho negativo, por una desgracia que nos acontece? No puede ser…

Ya lo entenderás, si es que tiene que ser así.

Al menos de momento, si esa idea te resulta ajena aún, intenta experimentar la vivencia, aceptarla, recrearte en ella como quién cata una comida de una cultura diferente… no te cierres de antemano, no la niegues, no prejuzgues, no predispongas. Degústala como si fuera tu primer día sobre la tierra, como si no supieras nada sobre nada.

La muerte es tan natural y legítima como la vida.

Siente pero no padezcas.

Abre los ojos.