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Perfectamente mal.

Cuando era un escolar, tenía un sistema de colocar las naves en el juego de los barcos que me hacía invencible en las tardes soporíferas de colegio.

Tal era así que mi compañero estaba convencido de que le hacía trampas y no dejaba de insistir en querer ver la ubicación de mis barcos… Eso era imposible, claro, no podía desvelar mi estrategia secreta. Tan solo se trataba de concentrarlos todos en el menor espacio posible, en un solo cuadrante. (Ahora que hago por recordar, tal vez mi compañero no fuera el tipo más inteligente del mundo…)

Igual que en el juego, hay personas que se hunden con relativa facilidad, a las primeras dificultades, pero, una vez hundidas, una vez que tocan fondo, allí en el fondo se mueven como pez en el agua, se sienten perfectamente y son funcionales al cien por cien. La paradoja es evidente: al aceptar que “están hundidas” dejan de estar hundidas.

En un cuento taoísta se habla sobre un sabio anciano que se sumergía cada mañana en la parte del río donde los rápidos eran tan peligrosos que nunca nadie que se hubiese caído allí había conseguido sobrevivir. Todos se ahogaban y el anciano, con su débil y vulnerable aspecto, se bañaba allí cada mañana. Cuando le preguntaron cómo podía conseguirlo explicó que, simplemente, se dejaba llevar por los remolinos, sin luchar, como si fuese una pelota de goma. La propia fuerza del agua que lo hundía en un punto lo sacaba sano y salvo por otro.

La aceptación es un arma poderosa. Implica curiosidad, inteligencia despierta; requiere estar atento a nuestro estado emocional, identificar cómo nos sentimos e intentar determinar por qué motivo. Después, sencillamente, aceptar con normalidad la fuerza del agua que nos hunde y que nos sacará por otro punto.

En ocasiones estamos pletóricos, a veces con el ánimo normal y otras nos sentimos tristes, desesperanzados, abatidos. La mente siempre está analizando, comparando y eligiendo. Es un ordenador que no podemos apagar, trabaja veinticuatro horas al día, trescientos sesenta y cinco días al año. Es muy útil, francamente, pero conviene introducirle comandos en el software que no suelen venir en el programa de serie. Uno de ellos es, precisamente, la aceptación.

Qué hay de malo en estar “tocado”? La expectativa de sentirnos bien todo el tiempo no es sensata. Podemos sentirnos bien porque en ocasiones nos sentimos mal, así de sencillo, igual que es de día porque después, dentro de unas horas, será de noche. A nadie en su sano juicio se le pasaría por la mente pretender que fuera siempre de día!

Conocer, aceptar y normalizar nuestros diferentes estados de ánimo es esencial para sentirnos bien aún sintiéndonos mal. Esto es: podemos entrenarnos para estar “perfectamente mal”.