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La última cena.

La seguridad es una quimera. Nunca sabemos qué va a ocurrir en el próximo minuto.

La vida cuenta con un guionista excepcional que nos sorprende y se burla de nosotros una y otra vez. Como suele decirse, si quieres que dios se ría, cuéntale tus planes. Podría ser, como le ocurre al protagonista de La guerra de los mundos, de Herbert George Wells, que la cena intrascendente de esta noche, frente a las protocolarias noticias del televisor, después de un rutinario día más en tu calendario, la recuerdes para siempre como la última cena “normal” de tu vida… Entonces la añorarás por el resto de los días.

Que hayas conocido una vida de bienestar y prosperidad hasta hoy no te garantiza que mañana no pases necesidad. Que tengamos la suerte de haber nacido en Occidente después de dos guerras mundiales no implica que la paz dure para siempre. Que tengas una salud de hierro no significa tampoco gran cosa: en menos de 24 horas sientes un dolor punzante, te hacen ver por rayos en urgencias y lo próximo que sabes es que te encuentras embutido en un pijama azul en un hospital, debajo de un tubo de neón, con un diagnóstico terminal en una carpeta sobre la mesita. No es un mal sueño ni una película ni un truco de magia. De momento nos libramos, somos afortunados, nada más.

Y no, no es pesimismo ni una visión deprimente de las cosas ni tengo un mal día; es la vida, sin más.

Cerrar los ojos no parece la mejor solución. Ni encerrarnos en casa, ni darlo todo por perdido. Muy al contrario: hay que vivir, sin temor, ahora, con esto que tienes. Nunca, jamás, vas a ser más joven de lo que eres hoy.

Recréate en tu cena de esta noche como si fuera la última. Degusta el sándwich de sardinas, el bocadillo de salchichón, la tortilla francesa, la mandarina… Paladea la lata de cerveza burbujeante, el aroma del vino, la frescura del agua en tu boca… Fíjate con quién estás, mira sus caras, son los tuyos… o disfruta serenamente de la soledad si cenas solo. Conversa con tu gente o escucha tu música preferida o mira las noticias o déjate imbuir por el silencio… Goza de la cena. Sé consciente de cada detalle, de cada minuto. Recuerda: el guión, al pasar la página, te puede reservar sorpresas. Piénsalo: cada cena puede ser tu última cena “normal”.

El milagro, lo sagrado, lo valioso de verdad, son esos momentos “pequeños”, intrascendentes, como pedacitos de papel, esos que no están en el álbum de fotos, esos que vivimos a diario sin ponerlos en valor, sin ser conscientes de que son los que constituyen el noventa y nueve por ciento de nuestras vidas, sin apreciarlos porque los damos por hecho… No demos nada por hecho, no seamos como sonámbulos o estaremos tirando a la basura el 99 % de nuestra vida…

Despierta. La vida es hoy. Disfruta de tu cena.

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